Ando sin medias ni nada que sujete mis pies. Son chicos, se soltarían igual. Me imagino sentada en el pasto, esta vez ya no puedo sentir la arena. Me acuesto y el viento acaricia mis mejillas, me hace sentir bien. En un abrir y cerrar de ojos un montón de ojos mirándome, asombrados, como con un millón de preguntas sin respuestas. Me levanto lo más rápido que puedo, mis pies estan dormidos, y no reaccionan a tanta presión. Intento respirar y más me cuesta. Quiero correr, quiero desahogarme y saber que son esas miradas, ¡que son esas preguntas! Corro y corro... pero las miradas jamás se van, es como si estuvieran pegadas a mis espaldas, las preguntas resuenan en palabras confusas, y sin entender, todavía siguen retumbando en mi cabeza.
Esto sigue, pero ya sin fuerzas para seguir corriendo, me siento. Finalmente llegue a una playa, llena de suave arrena, mis pies se mojan al igual que algunas lágrimas que caen de mis ojos, sin saber si son de tristeza o alegría. Me tranquilizo y miro a mi alrededor. Ese mundo que me rodea, tan tranquilo y a veces tan insencible y exigente. Cierro los ojos respiro y camino por el agua mientras pienso..mientras...VOY SINTIENDO. Siento: Esta vida, estos sentidos, estos sentimientos y pensamientos tan especiales, que me hacen sentir completa. Entonces es cuando dejo de correr, cuando vuelvo a abrir los ojos y me doy cuenta de que nadie me corría, y aunque de vez en cuando hay miradas fijas viendo mi accionar, no son por presión; son sólo para seguirme, son sólo para cuidarme. Vuelvo a reaccionar y vuelvo a pensar: No hay presión más incómoda que la de nuestra propia conciencia, y ESAS MIRADAS... ¡Son sólo los diferentes puntos de vista que YO tengo sobre MI!
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